Qué son las carillas estéticas y para qué sirven

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Los dientes son una de las partes del cuerpo que más ve la gente a nuestro alrededor, nuestra sonrisa es casi tan importante como nuestra mirada, y sin embargo parece que nos preocupamos mucho más por los ojos que por el estado de nuestra dentadura, de ahí la importancia de unas buenas carillas esteticas.

A ello contribuyen a menudo infundados miedos a visitar al dentista, pero al margen de los motivos de salud que deberían hacernos aumentar las solicitudes de revisión dental también hay muchas personas preocupadas por el aspecto de su boca.

Una buena estética dental

Los dientes pueden presentar muchos defectos estéticos, que en ocasiones nos obligan, casi inconscientemente, a taparnos la boca cuando sonreímos, o hacen que nuestra autoestima quede gravemente afectada.

Más allá de los problemas generales de alineación dental, que se corrigen con ortodoncia y a veces también son puramente estéticos y no requerirían necesariamente ninguna actuación, los dientes pueden presentar otros problemas como por ejemplo manchas, diastemas (separación interdental excesiva generalmente entre los dos incisivos superiores), corta longitud por desgaste o defecto de crecimiento, la mala alineación de un solo diente que no justificaría la ortodoncia, e incluso roturas parciales en accidentes.

En estos casos lo que se suele hacer es colocar una carilla dental, que sería como una lámina que se coloca por encima del diente auténtico del paciente, sin tener que sustituirlo, y con ello se soluciona el problema estético, con la consiguiente mejora de la calidad de vida al aumentar la autoestima y desaparecer las inseguridades.

Siempre que la carilla tenga un color igual al de los dientes adyacentes no tiene por qué notarse la actuación, si bien es cierto que las personas que conocen al paciente se dan cuenta del cambio, pero el efecto es tan realista y natural que pronto deja de llamar la atención.

Aparte de las imperfecciones dentales propiamente dichas, hay otras situaciones en las que las carillas pueden ser una buena solución: por ejemplo, aquellas personas que, sin tener ningún problema en los dientes, muestran mucha parte de la encía cuando sonríen, lo que provoca un efecto de dientes excesivamente cortos, pueden recurrir a las carillas para alargar artificialmente sus piezas dentales.

En cuanto a las carillas, las hay de distintos tipos y adaptadas a distintos presupuestos. Básicamente se trata de elegir entre las que están hechas de porcelana y las que son de compositeo resina compuesta. Las de porcelana tienen un color más natural, aguantan más con el tiempo y son más resistentes como material, pero también son más caras.

Por su lado las de composite son opciones más económicas y tienen la ventaja de que se pueden arreglar si se produce alguna rotura leve, además de que son menos perjudiciales para el esmalte dental natural, pero tienen la desventaja de deteriorarse o perder el color con más facilidad que las de porcelana. Se trata, pues, de decidir según el presupuesto y el problema concreto, pero en cualquier caso las carillas son la opción ideal para tratar imperfecciones de solo algunos dientes, sin tener que recurrir a extraer ni implantar nada.

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